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Editorial

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*Autor para correspondencia
Correo electrónico:
afernandezprol@semg.es
(A. Fernández-Pro Ledesma).

http://dx.doi.org/10.24038/mgyf.2020.020

Antonio Fernández-Pro Ledesmaa,*, Benjamín Abarca Bujánb

aPresidente de SEMG. bCentro de Salud Sagrado Corazón. Lugo.


El cuento del escritor danés Hans Christian Andersen es la historia que bien podría aplicarse a nuestra querida atención primaria (AP). Llevamos años denunciando el deterioro continuado de la AP de nuestro país y tuvo que venir una pandemia, como nunca habíamos siquiera imaginado, para que nuestras autoridades sanitarias cayeran en la cuenta de que disponían de una red nacional, como pocos países tienen, que está distribuida por todo nuestro territorio y llega hasta los lugares más recónditos de todas y cada una de nuestras comunidades autónomas; eso sí, con las carencias fruto de los continuados recortes. Lo que es más grave: tres meses después de golpearnos la pandemia con extrema dureza, estamos atravesando, sin duda alguna, uno de los retos más exigentes a los que se han enfrentado los sistemas sanitarios, con una extensión y amplitud que tiene pocos precedentes. Se adivinan unos escenarios futuros inciertos, de los que solo tenemos aproximaciones teóricas; seguro que serán modificados por el devenir de los acontecimientos.

Ahora somos los protagonistas indispensables, los que debemos realizar una detección precoz, un aislamiento y un seguimiento de los casos y de los contactos; nos parece lo adecuado, siempre que se nos garanticen los medios para ello, tanto para el diagnóstico, para el tratamiento y sin olvidar la adecuada protección de los profesionales. Pero no olvidemos que hace tres meses ya estábamos preparados para ello, pero se nos negaron los medios precisos tanto materiales como de personal. Fortalecer los sistemas sanitarios para que funcionen como uno de los ejes vertebradores fundamentales de la sociedad es una difícil pero prioritaria tarea para los próximos meses, si realmente queremos estar preparados para resolver con soltura esos escenarios que se nos avecinan.

No olvidamos el extraordinario y duro trabajo realizado por los Servicios de Urgencia, por las plantas de hospitalización y, por supuesto, la dramática vivencia por la que tuvieron que pasar las Unidades de Cuidados Intensivos; pero tampoco debemos desdeñar el extraordinario trabajo de contención que realizó la AP para evitar el desbordamiento de nuestros hospitales, pues no está de más recordar que más del 80 % de los pacientes con covid-19 fueron atendidos y seguidos en sus domicilios por la AP de forma callada y fuera del foco mediático.

Asumimos el papel protagonista que ahora finalmente nos adjudican; estamos seguros de que nos volcaremos en la tarea sin límite de compromiso y dedicación. No obstante, no olvidemos cuál es la situación actual de la AP: plantillas envejecidas y mermadas, déficit crónico de la inversión y un enorme sobreesfuerzo profesional durante los últimos años. Por ello es imprescindible hablar de incremento en presupuesto y dotación de medios: no podemos hacer más con menos y es hora de que el político/gestor sea consciente de que la situación pasa por robustecer este medio asistencial, donde, sin ninguna duda, se librará la próxima batalla.

No podemos permitir que la AP siga siendo el “patito feo”. Es imprescindible corregir el déficit crónico de inversión, adecuar los recursos humanos y dotarla de los medios precisos; la exigencia de reforzarla, que la Unión Europea nos ha pedido, debe convertirse en realidad. Empecemos incorporando a los centros de salud a los 1.600 médicos de familia que han finalizado este año su residencia, sin olvidar a otros miles de médicos de familia que, con contratos eventuales, siguen sin ser incorporados de forma estable a nuestro Sistema de Salud.

Solo resta recordar que el trabajo que queda a la AP y a todos los profesionales de nuestro sistema sanitario necesita imperiosamente la implicación del ciudadano: sin las medidas de distanciamiento, de protección, de higiene y, en definitiva, de autorresponsabilidad, todo ese trabajo de nuestro sistema de salud puede caer en saco roto.

El tiempo dará o quitará razones, pero es indudable que el potencial de AP no ha sido suficientemente aprovechado; si queremos que ello no vuelva a ocurrir, debemos darle los recursos necesarios, pues el compromiso está garantizado. Debemos mirar al futuro, pero conociendo que la sobrecarga de trabajo y el estrés a los que han sido expuestos los profesionales sanitarios son consecuencias de los errores pasados. No permitamos que se repitan y afrontemos el escenario con suficiencia de medios y profesionales.

Nota del Editor Jefe

En los trabajos que aparecen a continuación se ha homogeneizado la nomenclatura técnica empleada y se ha adaptado a los términos y conceptos admitidos en este momento para el idioma español:

  • SARS-CoV-2: coronavirus responsable de la actual pandemia.
  • Covid-19 (del inglés COronaVIrus Disease): enfermedad causada por el coronavirus SARS-CoV-2, cuyo primer caso fue descrito en 2019. Al ser un acrónimo construido a partir de «enfermedad», los artículos y los adjetivos que lo acompañan toman siempre la forma femenina.

Documento de referencia disponible en:
https://www.fundeu.es/recomendacion/covid-19-nombre-de-la-enfermedad-del-coronavirus/