Editorial

Pedro Javier Cañones Garzón

Responsable del Grupo de Ecografía de SEMG Madrid

Aunque sobradamente conocida, la historia y los hechos deben ser periódicamente recordados. Y es que han pasado veinticinco años desde que un reducido grupo de médicos ligados a la SEMG se percataron de la trascendencia que la exploración ecográfica podía suponer como herramienta de apoyo al alcance de los médicos de cabecera. Fue el embrión de un proceso cuya gestación ha supuesto varios lustros, pero en este momento se ha convertido en una realidad incontestable. Por todo ello, para la historia quedan los nombres de José Manuel Solla Camino, de Juan José Rodríguez Sendín y, por supuesto, el del añorado Javier Amorós Oliveros.

La introducción de la exploración mediante ultrasonidos en la consulta del médico general y de familia conlleva unas peculiaridades especiales, no siempre bien comprendidas en ciertos ámbitos de la profesión. Como sucede con cualquier otra tecnología diagnóstica o terapéutica, en manos del médico de atención primaria el nivel de uso y el estilo de aprovechamiento es sensiblemente diferente del que se observa en otras especialidades médicas. Así, para el médico general y de familia la ecografía no es estrictamente una prueba diagnóstica, sino que constituye una herramienta de apoyo para la toma de decisiones clínicas; precisamente porque el hallazgo más frecuente es la normalidad, le permite descartar posibilidades y orientar el abordaje del paciente de manera más adecuada.

Tras una larga travesía, no exenta de pequeños y de grandes obstáculos, empezamos a alcanzar el objetivo propuesto. Su recorrido ha debido soportar actitudes de mofa, de menosprecio, de escepticismo, de indignación, de beligerancia desmedida, de apoyo no comprometido, de convicción pasiva, hasta conseguir finalmente el reconocimiento por parte de casi todos los colectivos profesionales y mucho más recientemente la apuesta decidida de algunas administraciones sanitarias.

El nivel de implantación de la ecografía en atención primaria ha logrado en la actualidad cotas que, no por esperables, dejan de ser sorprendentes. Son notables los ejemplos Galicia y Extremadura; sin embargo, es especialmente ilustrativo el de la Comunidad de Madrid.

Hace apenas ocho años que la Consejería de Sanidad creó un grupo de trabajo al que invitó a SEMG Madrid. Quienes hemos tenido la fortuna de haber participado en aquellas conversaciones iniciales y en todo el desarrollo posterior constatamos el nivel de convicción y el apoyo a la iniciativa por parte de la administración sanitaria. Ello se hizo mucho más evidente cuando inmediatamente el ámbito político dio paso al estrictamente técnico y, una tras otra, las propuestas efectuadas desde los profesionales fueron encontrando el cauce para su ejecución efectiva. Ocho años después de aquellas primeras reuniones, la Comunidad de Madrid cuenta con un Plan de Implantación de la Ecografía en Atención Primaria que, con sus evidentes limitaciones, puede de servir de modelo a otras comunidades autónomas. El Plan no solo consiste en la adquisición secuenciada de ecógrafos, sino que incluye una ruta formativa a ofrecer a los médicos que se inician en la ecografía clínica y toda una serie de actividades paralelas periódicas junto a foros de intercambio de conocimientos y experiencias, destinados a servir de estímulo y de acicate para el aprendizaje y la profundización en el empleo de la técnica. A modo de ejemplo del interés y del compromiso suscitados entre los médicos del Servicio Madrileño de Salud, a la IV Jornada de Ecografía en Atención Primaria de la Comunidad de Madrid, celebrada a finales del pasado año, se inscribieron más de 400 profesionales y se presentaron cerca de 200 comunicaciones.

En esto no hay marcha atrás. Ya es una realidad que en atención primaria hay dos tipos de médicos: los que se sirven de la exploración ecográfica y los que no. Pero del mismo modo podemos afirmar que ya existen dos tipos de comunidades autónomas: las que invierten en la implantación de la ecografía en sus centros de salud y las que no.

Sigue siendo trabajo de todos los que participamos en las sociedades científicas, de los que tenemos alguna capacidad de influir en las administraciones sanitarias, trasladarles nuestra convicción de que los más beneficiados de una apuesta como esta serán la salud de los ciudadanos y la satisfacción de los profesionales.