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Editorial

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*Autor para correspondencia
Correo electrónico:
prodriguezl@semg.es

http://dx.doi.org/10.24038/mgyf.2020.011

Pilar Rodríguez Ledo

Vicepresidenta 1ª de SEMG


Siempre habíamos pensado que en España teníamos una estructura sanitaria privilegiada, con una atención primaria (AP) consolidada, eficaz y resolutiva. Pero, de repente, se introduce en nuestras vidas el SARS-CoV-2 y nos coloca en la triste realidad: que la eficiencia venía producida porque el personal es uno de los más baratos de Europa, que el sistema está al límite de su producción, que los recortes se han suplido con voluntarismo de los profesionales y que el punto más débil es la AP; que ni siquiera es visible ni en su funcionamiento ni en sus resultados, que se piensa en ella solo para reforzar otros dispositivos (hospitales ya consolidados o de campaña).

Y no es un consuelo que el entorno hospitalario no esté en mejores condiciones, que hace tiempo no tengamos un gobierno estable, que durante las amenazas del SARS y el Ébola al final no pasara nada.

Nada aprendimos de cada uno de los momentos en que la Naturaleza puso a prueba a nuestro sistema sanitario. No teníamos reservas de equipos de protección individualizada (EPI); no teníamos pruebas disponibles ni adaptables de diagnóstico mediante la reacción en cadena de la polimerasa (PCR); nuestros laboratorios no estaban preparados para producir test rápidos y los que lo estaban no veían perspectivas de desarrollo en España; ni siquiera teníamos capacidad de elaborar soluciones hidroalcohólicas o simples mascarillas.

Por todo ello, nos enfrentamos a esta pandemia a pecho descubierto y negando su gravedad, porque admitirla implicaba tener que admitir nuestra precariedad. Y eso nos llevó de repente a ser el país con peor abordaje de esta crisis sanitaria; a tener a primeros de abril de 2020, 20 días después de iniciado el confinamiento, más de 150.000 casos con PCR positiva (a muchos ni siquiera se les ha podido realizar) y más de 15.000 fallecidos; además, cerca de 20 % de los contagiados eran profesionales sanitarios y varias decenas de ellos habían fallecido.

Y mientras tanto, ¿qué estaban viviendo y sintiendo los profesionales sanitarios? Los comentarios eran múltiples e inundaban las redes, pero la situación era confusa; y para analizar esa situación hay que documentarla. En este caso el único que podía documentarla era el propio profesional sanitario que estaba en la primera línea, atendiendo a la población, dejándose hasta su propia vida, usando la inventiva para no actuar de vehículo de transmisión con sus pacientes, para no llevarse la infección a su casa y contagiar a su familia. Los tutoriales inundaron las redes: se nos enseñó a coser mascarillas, a confeccionar EPI con bolsas de basura, pantallas de protección con dosieres transparentes y otros mil-y-un inventos.

Todo esto era reflejo de una situación real en la que todos los profesionales sanitarios, pero muy especialmente los de la primera línea, los de AP, no tienen acceso a realizar test diagnósticos a sus pacientes sospechosos y mucho menos a ellos mismos, ni EPI, ni instrucciones claras. Los protocolos surgen incesantemente, nos inundan, pero las instrucciones del ministerio de sanidad, del gobierno de España y de las comunidades autónomas son contradictorias.

Y no es este un momento de quejas, sino de llamar la atención sobre determinados puntos y, ante la situación que se encuentran muchos de nuestros profesionales, desde la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) tomamos la decisión de realizar un seguimiento de la realidad que viven a diario nuestros compañeros, destinado a sustanciar las propuestas que, como sociedad científica del ámbito asistencial del primer nivel, debemos realizar para mejorar la situación y corregir las disfunciones detectadas.

Se puso en marcha una encuesta para detectar el conocimiento y la percepción de las medidas adoptadas frente a la COVID-19 por los profesionales de AP al inicio de la pandemia. Se recogieron datos entre los días 10 y 14 de marzo de 2020; se recabaron las circunstancias de trabajo de un total de 1.332 sanitarios de todas las comunidades autónomas y pertenecientes a diferentes categorías profesionales, en su mayoría médicos de AP (79,5 % del total de los participantes fueron facultativos de centros de salud de todo el territorio español). Los resultados fueron abrumadores: solo el 50,8 % de los profesionales disponía de dispensadores de solución hidroalcohólica; solo el 14,9 % de ellos disponía de mascarillas FFP2 y FFP3; hasta un 30 % de los profesionales consultados no tenía guantes de protección; solo un 15,9 % tenía batas impermeables; no más del 16,2 % disponía de protectores oculares.

Derivadas de estos resultados, las recomendaciones SEMG se trasladaron a todas las instancias oficiales:

  • Dotar a los profesionales de AP de medidas de protección eficaces.
  • Realizar test diagnósticos a todos los profesionales sanitarios, sin restricciones.
  • Dotar a la AP de test diagnósticos rápidos suficientes.
  • Dar acceso a la AP a todas las pruebas diagnósticas de imagen necesarias.
  • Continuar con el seguimiento telefónico de los pacientes, eliminar las acciones administrativas y permitir liberar este tiempo para una actuación proactiva con los pacientes crónicos, especialmente, con los considerados crónicos complejos.

Y el tiempo va pasando, y se plantea una nueva gestión de casos, en esta ocasión en AP, aunque la situación todavía dista mucho de ser la más adecuada. Por eso, desde SEMG seguimos insistiendo y prevemos lanzar una nueva encuesta para responder si ante este nuevo escenario ha cambiado algo, si ya tenemos medios suficientes, para averiguar cuál es la situación actual.

Seguiremos recogiendo el día a día, más allá de lo comunicado oficialmente, en la convicción de que el abordaje de una situación comunitaria tiene que realizarse desde este nivel asistencial, sin poner en riesgo la disponibilidad del entorno hospitalario para los casos que por su gravedad así lo requirieran, pero con una dotación de recursos económicos y humanos adecuada, basada en la planificación rigurosa y técnica que una situación de crisis sanitaria, económica y social de tal envergadura requiere.

Más allá de las palabras vacuas de si somos o no el país con la mejor sanidad del mundo, debemos ser el país que más cuida de su sanidad y de sus sanitarios.

Bibliografía


  1. World health Organization. Coronavirus Disease (COVID-19) pandemic [Internet]. 2020 [citado 3 de abril de 2020]. Disponible en: https://www.who.int/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019
  2. Ministerio de Sanidad. Gobierno de España. Enfermedad por nuevo coronavirus, COVID-19. [Internet]. 2020 [citado 3 de abril de 2020]. Disponible en: https://www.mscbs.gob.es/en/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov-China/home.htm
  3. OCDE: Panorama de la salud 2019. [Internet]. 2019 [citado 3 de abril de 2020]. Disponible en: http://www.oecd.org/health/health-at-a-glance-19991312.htm