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Editorial

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*Autor para correspondencia
Correo electrónico:
teresa.benedito@semg.es
(T. Benedito Pérez de Inestrosa).

http://dx.doi.org/10.24038/mgyf.2020.048

Teresa Benedito Pérez de Inestrosaa,*, Lorenzo Armenteros del Olmob, María del Pilar Rodríguez Ledoc, Carlos Miranda Fernández-Santosd

aGrupo Bioética de SEMG. bResponsable del Grupo de la Salud de la Mujer de SEMG. cResponsable del Grupo de Metodología y Apoyo a la Investigación de SEMG. dResponsable del Grupo de Cardiovascular-Diabetes de SEMG


Desde el pasado mes de marzo, en el que se decretó el estado de alarma sanitaria en nuestro país, hasta la actualidad, la forma de trabajar de los médicos de familia de toda España ha sufrido un giro de 180°. Nos hemos tenido que ir adaptando a un sistema de trabajo totalmente desconocido para nosotros, como es la consulta telefónica, y empezar a utilizar otros recursos, como son la telemedicina, la teleasistencia…

Y nos preguntamos: ¿qué significa ser especialista en Medicina Familiar y Comunitaria? Nosotros somos médicos que cuidamos a las personas de forma integral y nos ocupamos también de su familia y su situación social. Somos su médico de referencia, y no solo tratamos a las personas, sino que nos responsabilizamos de su salud, desde su juventud, con actividades de prevención y promoción de la salud hasta la etapa final de sus vidas. Resolvemos la mayoría de los problemas de nuestros pacientes y no hay más orgullo que cuando nuestros pacientes se dirigen a nosotros como “mi médico”: ser el médico a quien acudir para resolver sus dudas, ser el médico que les dé una mala noticia cara a cara haciéndoles saber que no estarán solos en ese camino; ser el médico que los acompañe en los últimos momentos evitándoles sufrimiento y facilitando que la despedida sea en su propia casa. Y ahora después de todo esto viene la pandemia de la covid-19 y nos hacemos invisibles para la sociedad, e incluso sufrimos la incomprensión de algunos compañeros del hospital.

Nuestro trabajo en los centros de salud se ha multiplicado en estos últimos meses; la atención y seguimiento a los pacientes con covid-19 (petición de PCR, comunicación del resultado, estudio de contactos, seguimiento de pacientes diagnosticados de covid-19). Todo esto ocupa la mayoría de nuestra maratoniana jornada laboral, y además seguimos atendiendo de forma presencial a un gran número de pacientes, hacemos el seguimiento de sus patologías agudas y crónicas (diabetes mellitus, hipertensión arterial, enfermedad pulmonar obstructiva crónica), realizamos citologías, seguimiento de embarazo, avisos domiciliarios, urgencias y un largo etcétera.

En estas últimas semanas hemos visto mensajes de médicos de familia que, a través de las redes sociales, describen el número llamadas telefónicas que realizan al día, de pacientes que ven de forma presencial. Y nos preguntamos: ¿por qué tenemos que justificar y dar a conocer nuestro trabajo diario? Podemos asegurar que trabajamos mucho más que antes, y que daríamos lo que fuera para que esta pandemia acabara cuanto antes y recuperar nuestro trabajo, para que pudiéramos desarrollarlo de una forma más adecuada a las necesidades expresadas por una parte de la sociedad, que no está percibiendo que nuestra cercanía se mantiene, pese a que la seguridad del paciente en este momento haya alcanzado una importancia primordial y estamos en permanente aprendizaje para ello.

También aseguramos que nuestros pacientes no están abandonados: estamos viendo de forma presencial a todos los que requieren atención en consulta desde el principio de la pandemia. Concluimos diciendo que, aunque quizás ser médico de familia no sea la opción más deslumbrante y en la que no se trabaja con grandes medios tecnológicos, los médicos de familia somos un pilar indispensable e insustituible en el sistema sanitario.

Por eso los pacientes se quejan, y lo entendemos, cuando nos encontramos sobrepasados y al límite de nuestra resistencia. La solución no está en los médicos de familia, que estamos resistiendo estoicamente, sino en nuestra sociedad (políticos, gestores, administración pública…). Si realmente valoran nuestro sistema sanitario deben apostar por él, lo que implica que es imprescindible e indemorable apostar por la atención primaria antes de que termine de desmoronarse de forma irreversible.

Bibliografía


  1. Comisión Central de Deontología, OMC. La telemedicina en el acto médico. [Internet] 10/06/2020 [acceso el 19/09/2020] Disponible en: https://www.seen.es/ModulGEX/workspace/publico/modulos/web/docs/apartados/1434/120620_095300_7139964946. pdf
  2. Gutiérrez Fernández R. La humanización de la Atención Primaria. Rev Clín Med Fam. 2017; 10: 29-38.