Editorial
Información del artículo
*Autor para correspondencia
Correo electrónico:
impaules@salud.aragon.es
(I.M. Paúles Cuesta)
http://dx.doi.org/10.24038/mgyf.2025.060
Isabel María Paúles Cuestaa,*, Jonatan Alonso Morteb, Laura Cardona Monzónc, María Asunción Gracia Aznard, Paola Martínez Ibáñeze, Cristina Ruiz Morollónf; Grupo de Trabajo de Estilos de Vida y Determinantes de Salud de la SEMG
aCentro de Salud Amando Loriga. Caspe (Zaragoza). bCentro de Salud de María de Huerva (Zaragoza). cCentro de Salud de Tauste (Zaragoza). dCentro de Salud Delicias Norte. Zaragoza. eCentro de Salud Fuentes Norte. Zaragoza. fCentro de Salud de Híjar (Zaragoza).
En los últimos años, España ha visto cómo un fenómeno silencioso pero devastador ha ido ganando terreno: la obesidad. Aunque la palabra “epidemia” generalmente se asocia con enfermedades infecciosas, la obesidad, con su rápido ascenso y sus consecuencias letales, bien merece este calificativo. La expansión de la obesidad en España ha alcanzado proporciones alarmantes y, lejos de recibir la atención que requiere, continúa siendo un desafío ignorado por muchos, a pesar de su impacto directo en la salud pública y el bienestar social.
Según los últimos informes, más del 60 % de la población adulta en España tiene sobrepeso o es obesa; las cifras en niños y adolescentes no son menos preocupantes. Este aumento de casos no es casual; se trata de un problema multifactorial que incluye la alimentación poco saludable, la falta de actividad física, el estrés crónico y el entorno socioeconómico, entre otros. La disponibilidad masiva de alimentos ultraprocesados, la creciente urbanización y la vida sedentaria se han convertido en aliados de una enfermedad que, a largo plazo, no solo reduce la calidad de vida, sino que aumenta considerablemente el riesgo de sufrir enfermedades graves como diabetes mellitus tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial e incluso ciertos tipos de tumores malignos.
El sistema sanitario español, a pesar de ser uno de los mejores del mundo en cuanto a la atención primaria, se ve desbordado por este problema. La obesidad es una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en España y las tasas de complicaciones asociadas son cada vez mayores. Sin embargo, el enfoque de la sanidad pública sigue centrado en el tratamiento de las consecuencias de la obesidad, en lugar de abordar sus causas fundamentales. A pesar de los esfuerzos por parte de algunos sectores en promover hábitos saludables y la educación alimentaria, el sistema de salud se enfrenta a un déficit significativo en recursos y políticas preventivas eficaces.
Pero la obesidad no es solo una cuestión de salud individual. Su impacto económico es igualmente devastador. Según diversas estimaciones, los costes directos e indirectos asociados a la obesidad representan una carga significativa para las arcas públicas. Los gastos en atención médica, la pérdida de productividad laboral y el absentismo relacionado con enfermedades derivadas de la obesidad son una carga que el sistema de bienestar no puede sostener indefinidamente. A medida que la prevalencia de la obesidad sigue en aumento, también lo hacen los costes económicos asociados a esta enfermedad crónica. Es necesario implementar políticas públicas efectivas que regulen la comercialización de alimentos ultraprocesados, especialmente dirigidos a los niños y fomentar la educación alimentaria desde las primeras etapas de la vida. Además, el acceso a entornos saludables y seguros para la actividad física debe ser una prioridad. Las ciudades deben transformarse para que la actividad física sea parte del estilo de vida cotidiano y no un esfuerzo adicional.
La lucha contra la obesidad también debe implicar un cambio de mentalidad cultural. En España, la tradición de la dieta mediterránea, considerada uno de los pilares de una alimentación saludable, ha ido perdiendo protagonismo frente a la comida rápida, el sedentarismo y la obesidad como norma social. Se necesita recuperar la conciencia colectiva sobre los beneficios de una alimentación equilibrada, rica en frutas, verduras, cereales integrales y grasas saludables. A través de campañas de sensibilización, el fomento de la cocina casera y la reducción del consumo de productos ultraprocesados, podemos generar un cambio significativo en los hábitos alimenticios de la población. En este escenario, la responsabilidad del gobierno es clave. Es fundamental que las autoridades sanitarias tomen decisiones políticas basadas en evidencia científica, como la implementación de impuestos a los alimentos ultraprocesados, la promoción de la alimentación saludable en las escuelas y la ampliación de programas de prevención en los centros de salud. Asimismo, el sistema sanitario debe estar mejor preparado para ofrecer tratamientos adecuados para la obesidad, que no se limiten a enfoques punitivos, sino que se enfoquen en el apoyo integral, que considere tanto el aspecto físico como emocional de quienes sufren esta enfermedad.
La obesidad es una epidemia silenciosa que afecta a millones de personas en España. Mientras no se adopte un enfoque de salud pública más agresivo y preventivo, los costes sociales, económicos y sanitarios seguirán aumentando. El desafío no solo está en tratar a quienes padecen obesidad, sino en evitar que más personas se sumen a esta epidemia. Si no actuamos ahora, las generaciones futuras serán las que paguen el precio de la inacción. La prevención es la clave y esa responsabilidad recae tanto en las políticas públicas como en cada uno de nosotros.

