Carta al Editor
Información del artículo
*Autor para correspondencia
Correo electrónico:
docencialosfresnos@hotmail.com
http://dx.doi.org/10.24038/mgyf.2025.059
Miguel Ángel María Tablado
Centro de Salud Canillejas. Madrid.
En primer lugar, debemos felicitar a los autores del interesante artículo “Prevalencia e infradiagnóstico de enfermedad renal crónica en población mayor de 18 años” del Centro de Salud Nuestra Señora del Pilar (Alcalá de Henares), publicado en esta Revista de Medicina General y Familiar1. Como comentan los autores en la introducción, la prevalencia de la enfermedad renal crónica (ERC) en España no está clara y puede deducirse por extrapolación de la prevalencia de factores de riesgo conocidos de susceptibilidad (edad, antecedentes de ERC, bajo peso al nacer, raza negra, bajo nivel socioeconómico, diabetes mellitus, hipertensión arterial, enfermedades urológicas obstructivas…) o progresión (proteinuria persistente, lesión renal aguda, hipertensión arterial mal controlada, diabetes mellitus mal controlada, enfermedad vascular asociada al tabaquismo, obesidad, dislipidemia, tratamiento con antiinflamatorios no esteroideos o fármacos nefrotóxicos, ingresos por insuficiencia cardíaca)2
La definición de ERC de la organización KDIGO (2012), aún vigente, establece claramente las dos formas de llegar al diagnóstico: mediante daño o lesión renal demostrada o mediante la demostración de una alteración de la filtración glomerular. En el caso de llegar al diagnóstico únicamente mediante análisis de sangre, como hacen los autores, debe existir al menos una confirmación en un plazo de 90 días. La recomendación de KDIGO (2012) clasifica a todos los pacientes en 15 categorías según la tasa de filtración glomerular y el cociente albúmina/creatinina, y lo hace en relación con la mortalidad general, la mortalidad cardiovascular, la insuficiencia renal con diálisis, el trasplante renal, la insuficiencia renal aguda y la progresión de la enfermedad. El riesgo es mayor en todos los pacientes A3 (CAC > 300 mg/g), G4 y G5 (<30 ml/min/1,73 m2)3.
Para la realización de este estudio, se contó con las historias clínicas informatizadas de la muestra obtenida, y se extrajeron datos de dichas historias, los cuales posteriormente se analizaron mediante pseudoanonimización. Las historias clínicas de los pacientes se obtuvieron de la aplicación consult@web. Se excluyó a los pacientes que contaban con una anotación durante el año 2023 (de enero a diciembre). Se consideró motivo de exclusión ser menor de 18 años o no tener ninguna anotación en la historia clínica durante 2023. Sin otros motivos de exclusión o de inclusión, como un trasplante renal, los autores señalan que, si bien se disponía de datos sobre ERC en el 12 % de la muestra analizada, en el 37 % de los casos solo se contaba con un análisis de sangre u orina. El 33 % de los pacientes que cumplían los criterios de ERC no tenían registrado el diagnóstico.
En la tabla 1 se incluyen las 15 categorías diagnósticas KDIGO y se han extrapolado los datos de los autores para valorar dónde reside el riesgo.
A pesar de las dificultades con el registro, la confirmación diagnóstica y la definición de caso/ERC, se trata de un estudio muy interesante debido al elevado número de historias clínicas revisadas. Por ello, constituye una excelente muestra de la población de este centro de salud en la actualidad y, si bien no puede generalizarse debido a las particularidades del barrio y de la ciudad de Alcalá de Henares, permite extraer varias conclusiones. La ERC está infradiagnosticada; muchos pacientes que la padecen lo desconocen, muchos médicos que han solicitado estos análisis no han podido diagnosticarla, no la han registrado y, aunque no conste en la historia clínica, probablemente no la hayan tratado ni derivado al especialista a tiempo. Además, no existe un sistema de alerta en el laboratorio de referencia ni en la historia clínica (cuaderno de control) que nos obligue a ser más proactivos. El número de pacientes con diabetes mellitus, hipertensión arterial y obesidad, sin mencionar el nivel socioeconómico de esta población, extrapolable a muchos otros centros de salud de la Comunidad de Madrid, nos lleva a pensar que debería ser habitual solicitar pruebas de filtrado glomerular y de cociente albúmina/creatinina a la mayoría de nuestros pacientes crónicos o con riesgo vascular añadido, independientemente de si se trata de una moda patrocinada por empresas privadas y aplaudida por otros nefrólogos. La ERC es una prioridad para la Atención Primaria, y los grupos de médicos de familia más comprometidos con ella deben ser quienes lideren su desarrollo de principio a fin.
Tabla 1 – Extrapolación de datos de Caballero Ramírez et al. Porcentajes del estudio para cada categoría KDIGO.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
Bibliografía
- Caballero Ramírez, N, Herranz Herrero MT, Galán Fernández L. Prevalencia e infradiagnóstico de enfermedad renal crónica en población mayor de 18 años del Centro de Salud Nuestra Señora del Pilar (Alcalá de Henares) Med Gen Fam. 2024; 13(5): 201-5. http://dx.doi.org/10.24038/mgyf.2024.050.
- García-Maset R, Bover J, Segura de la Morena J, Goicoechea Diezhandino M, Cebollada Del Hoyo J, Escalada San Martín J, et al. Documento de información y consenso para la detección y manejo de la enfermedad renal crónica. Nefrología. 2022; 42(3): 233-64 https://www.revistanefrologia.com/es-documento-informacion-consenso-deteccion-manejo-articulo-S0211699521001612.
- Stevens PE, Ahmed SB, Carrero JJ, Foster B, Francis A, Hall RK, et al. KDIGO 2024 Clinical practice guideline for the evaluation and management of chronic kidney disease. Kidney Int. 2024; 105(4): S117-314. https://europepmc.org/article/MED/38490803.


