Original
Información del artículo
Historia del artículo:
Recibido el 18 de octubre de 2025
Aceptado el 31 de diciembre de 2025
On-line el 6 de febrero de 2026
Palabras clave:
Ictus
Atención primaria
Deterioro cognitivo
Seguimiento
*Autor para correspondencia
Correo electrónico:
albertofreire@semg.es
(A. Freire Pérez).
http://dx.doi.org/10.24038/mgyf.2025.063
Keywords:
Stroke
Primary care
Cognitive decline
Follow-up
Alberto Freire-Péreza,*, Antonio Torres-Villamorb
aCentro de Salud Acea de Ama. Culleredo, A Coruña. Grupo de Trabajo en Neurología. Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG). bCentro de Salud Cerro del Aire. Majadahonda, Madrid. Grupo de Trabajo en Comunicación y Relación Médico-Paciente. Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG).
Resumen
Objetivos. Analizar el circuito de atención del paciente postictus tras ser dado de alta del hospital con seguimiento en Atención Primaria (AP) en España.
Material y método. Estudio cualitativo siguiendo la metodología Delphi de dos rondas con la participación de especialistas en AP que en su práctica habitual atendían a pacientes postictus y completaron un cuestionario de 37 preguntas.
Resultados. Participaron 70 especialistas de AP (65,7 % varones, edad media 55,3 años) de todo el territorio nacional. Hubo consenso en el especialista de AP como responsable del seguimiento (81,4 %), la necesidad de establecer pautas o protocolos específicos (94,3 %), el uso de protocolos comunes entre el segundo nivel asistencial y AP (92,8 %) y el requerimiento de un plan específico de enfermería (92,9 %). Un 100 % de los participantes opinaban que era necesario tratar los factores de riesgo cardiovascular. Los pacientes con ciertos síntomas neurológicos, psiquiátricos y cardiológicos; los síntomas sistémicos en pacientes con diabetes debían ser derivados a otros especialistas. Para el cribado del deterioro cognitivo, un 95,7 % seleccionó el Mini-Mental State Examination (MMSE) seguido del Test del Reloj (61,4 %), aunque para el diagnóstico se consensuaron test breves o amplios en función del paciente, la experiencia del médico y la disponibilidad de tiempo. Ante la sospecha de deterioro cognitivo leve, se consensuó que el diagnóstico debía confirmarse al cabo de 6 meses del inicio de los síntomas.
Conclusiones. Este estudio ha permitido consensuar las actividades esenciales para el seguimiento del paciente postictus en el ámbito de AP.
© 2025 Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia.
Published by Ergon Creación, S.A.
Post-stroke patient care pathway after hospital discharge: results from the CICTUS project
Abstract
Objectives. To assess the post-stroke patient care pathway after discharge from the hospital with follow-up in the primary healthcare (PC) setting in Spain.
Material and method. Qualitative study based on the two-round Delphi methodology with the participation of primary care physicians who attended post-stroke patients in their daily practice and completed a 37-item questionnaire.
Results. Seventy PC specialists (65.7 % men, mean age 55.3 years) throughout Spain participated in the study. There was consensus regarding the PC specialist being responsible for the follow-up (81.4 %), the need to establish specific guidelines or protocols (94.3 %), the use of common protocols between the second level of care and PC (92.8 %), and the requirement for a specific nursing plan (92.9 %). A 100 % of participants considered that cardiovascular risk factors should be treated. Patients with some neurological, psychiatric, and cardiological symptoms, as well as diabetic patients with systemic symptoms should be referred to the specialist. For the screening of cognitive decline, 95.7 % selected the Mini-Mental State Examination (MMSE) followed by the clock test in 61.4 % of cases, although participants agreed upon the use of short or more extensive tests for diagnosis according to the physician’s experience and the availability of time. In case of suspicion of mild cognitive decline, the diagnosis should be confirmed after 6 months of the onset of symptoms.
Conclusions. This study allowed to establish consensus regarding the essential activities for the follow-up of post-stroke patients in the PC setting.
© 2025 Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia.
Published by Ergon Creación, S.A.
Introducción
Las estimaciones más recientes de la carga mundial de enfermedades (Global Burden of Disease) han demostrado que, entre las enfermedades no trasmisibles, los ictus son la segunda causa de muerte en el mundo (alrededor de 7 millones de personas), la tercera causa de muerte y discapacidad combinadas (expresada en años de vida ajustados por discapacidad –AVAD–) (más de 160 millones) y una de las principales causas de demencia1.
Otros estudios epidemiológicos han puesto de relieve la magnitud de la enfermedad y el aumento de la incidencia en los adultos jóvenes2,3. En España, cada año se producen entre 110.000 y 120.000 nuevos casos de ictus y, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) del 2022, más de 24.000 personas fallecieron debido a un ictus y más de 34.000 desarrollaron una discapacidad debida a esta enfermedad4. Entre 2015 y 2025, se ha estimado un aumento del 39 % de las muertes relacionadas con los infartos cerebrales5.
El riesgo de ictus aumenta significativamente con la edad. La edad es el factor de riesgo no modificable más importante, de modo que el riesgo de ictus se duplica cada 10 años a partir de los 55 de edad6. Aproximadamente tres cuartas partes de los ictus se diagnostican en personas de al menos 65 años de edad7. Asimismo, en pacientes con ictus, la rigidez vascular asociada al envejecimiento es un factor independiente de aumento del riesgo de mortalidad, evolución funcional desfavorable y recidiva8. Por todo ello, y considerando una población cada vez más envejecida, es imperativo realizar programas de prevención primaria, ya que el 90 % de los casos de ictus se podrían evitar con una prevención adecuada de los factores de riesgo y un estilo de vida saludable7.
La implementación en España de las unidades de ictus, de los equipos de ictus y del código ictus ha tenido un impacto notoriamente positivo en la atención sanitaria y evolución clínica de los pacientes9-13. A pesar de ello, los datos de un estudio reciente con la participación de 205 especialistas en neurología de diferentes regiones de España, ha puesto de manifiesto la existencia de diversas áreas de mejora, incluyendo las diferencias de recursos entre hospitales terciarios y comarcales, las limitaciones en la valoración del deterioro cognitivo e inicio de rehabilitación durante el ingreso hospitalario, la ausencia de protocolos propios de atención al ictus en algunos centros de trabajo, o el conocimiento insuficiente de la prevención secundaria14. Un adecuado seguimiento y abordaje del paciente postictus ayudaría a diagnosticar y tratar complicaciones, facilitar la adhesión a los tratamientos, optimizar el control de los factores de riesgo vascular, evitar recurrencias y mejorar la calidad de vida del paciente y sus cuidadores. Por otra parte, el diseño y la implementación de un circuito de atención al paciente postictus supone un beneficio tanto para los pacientes como para el sistema sanitario, ya que puede contribuir a mejorar los resultados clínicos, reducir la mortalidad y la discapacidad, aumentar la satisfacción de los usuarios y optimizar los recursos disponibles.
Objetivos
Teniendo en cuenta el papel fundamental en la atención integral del paciente que ha sufrido un ictus, se diseñó un estudio transversal (proyecto CICTUS) con los siguientes objetivos:
- Analizar el circuito de atención del paciente postictus tras ser dado de alta del hospital con seguimiento en atención primaria (AP) en España.
- Elaborar un conjunto de recomendaciones para protocolizar actuaciones consensuadas para aplicar durante su evolución.
Material y métodos
Diseño y selección del comité científico
Se diseñó un estudio cualitativo, transversal, multicéntrico de ámbito nacional (proyecto CICTUS), en el marco de las consultas de centros públicos y privados de especialistas en AP que en su práctica habitual atendían a pacientes que habían presentado un ictus. Se aplicó la metodología Delphi de dos rondas y se llevó a cabo durante un periodo de 3 meses (del 9 de mayo al 14 de junio la primera ronda, y del 15 de junio al 30 de julio de 2024 la segunda ronda). Se estableció un Comité Científico formado por dos especialistas en AP con área de interés y probada experiencia en ictus y enfermedades cardiovasculares en España, que actuaron como coordinadores del proyecto. Los coordinadores elaboraron el cuestionario del estudio, tras una revisión previa de la literatura, y fueron responsables de supervisar la progresión del estudio, el análisis de datos y la interpretación de los resultados.
La aprobación del estudio por parte de un Comité de Ética de Investigación Clínica (CEIC) no era necesaria según la legislación vigente, ya que no se recogían datos de pacientes, ni de registros sanitarios. La información registrada a partir de las encuestas era confidencial, transmitida y almacenada siguiendo las normas de seguridad vigentes que constan en la Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y Garantía de los Derechos Digitales (LOPDGDD).
Procedimientos y desarrollo del cuestionario
El cuestionario incluía 37 preguntas agrupadas en cuatro secciones: datos del investigador (5 preguntas), datos del centro de trabajo (6 preguntas), circuito de atención del paciente postictus tras el alta hospitalaria (14 preguntas) y deterioro cognitivo (12 preguntas). Las preguntas de las dos primeras secciones estaban formuladas de forma categórica (sí/no) o de elección libre entre varias opciones, mientras que las preguntas de las dos secciones restantes estaban formuladas de modo que la mayoría se pudieran responder según una escala tipo Likert de 5 puntos, con valores de 1= “totalmente en desacuerdo”, 2= “bastante en desacuerdo”, 3= “indiferente”, 4= “bastante de acuerdo” y 5= “totalmente de acuerdo”. El cuestionario se describe en el “Material Suplementario”. Solamente se analizaron los cuestionarios que fueron completados en su totalidad. Se estableció consenso a favor de la recomendación cuando la suma de las respuestas “bastante de acuerdo” y “totalmente de acuerdo” era igual o superior al 75 % del total de respuestas. Se estableció consenso en contra de la recomendación cuando la suma de las respuestas “totalmente en desacuerdo” y “bastante en desacuerdo” era igual o superior al 75 % del total de respuestas. Las preguntas en las que no se alcanzó consenso en la primera ronda, se reformularon y se volvieron a circular en la segunda ronda. Excluyendo las preguntas referidas a los datos personales de los encuestados, 13 de las 26 preguntas restantes se consensuaron en la primera ronda; las 13 restantes, en la segunda.
Selección de panelistas y administración del cuestionario
Se establecieron los siguientes criterios de inclusión: profesionales de la salud que fueran especialistas en AP y que atendieran a pacientes postictus en el marco de su actividad diaria, con una experiencia aproximada en el tratamiento de pacientes postictus de 5 años, que ejercieran en España y que dieran su consentimiento para participar en el estudio. La participación era anónima y voluntaria.
Los participantes se seleccionaron mediante muestreo no probabilístico y se les contactó mediante un díptico de presentación. El cuestionario se administró a través de una plataforma online para asegurar el anonimato y la confidencialidad de las respuestas. Por tratarse de un estudio cualitativo y no cuantitativo, no se fijó el número de investigadores seleccionados en función del error probabilístico. Se ha señalado que un tamaño mínimo de 60-80 participantes en encuestas tipo Delphi proporciona un alto nivel de replicabilidad (≥ 80 %) de los resultados15. De acuerdo con el propósito de la metodología Delphi de lograr el consenso entre los profesionales sanitarios implicados en el proceso asistencial, el objetivo era disponer de 70 participantes para poder alcanzar una representatividad suficiente, de modo que cuando se inscribieron los primeros 70 participantes que cumplían los criterios de inclusión, se cerró el reclutamiento.
Análisis estadístico
Las variables categóricas se expresan mediante frecuencias y porcentajes y las variables cuantitativas mediante medidas de tendencia central, incluyendo la media y la desviación estándar (DE). Para el análisis descriptivo de los datos se utilizó el paquete estadístico SAS (Statistical Analysis Systems, SAS Institute, Cary, NC, USA) versión 9.1.3. Service pack 3.
Resultados
Características de los participantes
Del total de 70 profesionales que participaron en el estudio, 46 (65,7 %) eran varones, con una edad media (DE) de 55,3 (8,4) años y una experiencia en su práctica profesional de 26,5 (9,4) años. Un 15,7 % (n= 11) indicó que había participado en algún programa de formación sobre ictus en el último año. El 57,1 % (n= 40) eran miembros de alguna sociedad científica, destacando las Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) y la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) (25,7 % de los casos para cada una de ellas), la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) (15,7 %) y la Sociedad Española de Neurología (SEN) (2,3 %).
Un 92,9 % (n= 65) de los participantes ejercían su labor profesional en un centro público, con una media de 12 (6,8) médicos de AP trabajando en el centro y ubicado en un medio urbano en el 71,4 % de los casos. El 82,9 % (n= 58) de los participantes manifestó que en la última semana había atendido a más de 150 pacientes y un 90 % disponía de la colaboración de personal propio de enfermería.
Circuito de atención del paciente postictus tras el alta hospitalaria
Prácticamente en todas las preguntas de esta sección del cuestionario se obtuvo consenso a favor con porcentajes superiores al 75 % (tabla 1), incluyendo el especialista de AP como responsable del seguimiento (acuerdo del 81,4 %), la necesidad de establecer pautas o protocolos específicos (94,2 %), el uso de protocolos comunes entre el segundo nivel asistencial y AP (92,8 %), el hecho de que los pacientes aporten un informe clínico al ser remitidos desde otros niveles de asistencia (94,2 %) y el requerimiento de un plan de cuidados específicos de enfermería (92,9 %). Un 74,3 % de los encuestados consideraba que tras el alta hospitalaria el seguimiento debía hacerse al cabo de 3 meses, un 27,1 % al cabo de 6 meses y un 27,1 % al cabo de un año.
En la tabla 1 se presentan los motivos consensuados que deben ser considerados antes de derivar a los pacientes a otros especialistas. Asimismo, se evaluaron los criterios que promueven dicha derivación. Respecto a la derivación a Neurología, los porcentajes de acuerdo fueron del 98,5 % en el caso de la espasticidad, 97,1 % en el caso de deterioro cognitivo, 87,2 % en el caso de mal control de la enfermedad, 85,7 % en el caso de la afectación orgánica y 81,4 % en el caso de dolor central. Para las derivaciones a Psiquiatría, Cardiología y Endocrinología hubo consenso en prácticamente la totalidad de los ítems. Con respecto al objetivo del tratamiento farmacológico, también hubo acuerdo en todos los ítems; destaca el 100 % para el control de los factores de riesgo cardiovasculares (figura 1).
Deterioro cognitivo
Los resultados obtenidos en las preguntas referentes al cribado y diagnóstico de los pacientes con deterioro cognitivo se presentan en la tabla 2. En todas las preguntas hubo un amplio consenso a favor; destaca el uso de test breves (test de las fotos, AD8, test episódico, entre otros) o test para ser realizados por un informador fiable en el cribado del deterioro cognitivo en un 91,5 % de los casos, así como la utilización de diferentes test cognitivos para el cribado en función del tiempo disponible en la consulta (91,3 %) o de la experiencia del médico (84 %). También en el diagnóstico se recomendaba el uso de diferentes test en función del estado del paciente (85,7 %). Para el seguimiento, se consensuaron test breves por un 87,2 % de los participantes. Asimismo, un 62,3 % de los participantes consideraba que el seguimiento debía hacerse cada 6 meses, un 18,8 % cada 3 meses y otro 18,8 % anualmente.
Para el cribado del deterioro cognitivo (figura 2), un 95,7 % de los participantes seleccionó el Mini-Mental State Examination (MMSE) seguido del Test del Reloj (61,4 %), la escala de depresión geriátrica de Yesavage (47,1 %), el fototest (30 %) y el test del informador (IQCODE) (21,4 %).
Respecto al deterioro cognitivo leve (tabla 2), hubo consenso en que su presencia no impedía mantener una vida independiente (87,1%). Respecto a los criterios que se siguen en la práctica clínica para el diagnóstico (pérdida de memoria confirmada por test de cribado, reevaluación a los 6 meses, confirmación a los 6 meses), también alcanzaron consenso en más del 87 % de los participantes. Entre las actividades instrumentales a valorar, controlar y tomar la medicación (97,1 %), el aseo personal (95,7 %), el manejo de dinero/cuentas bancarias (95,7 %), realizar tareas domésticas (91,5 %) y la capacidad de hacer compras o recados (91,4 %), obtuvieron el mayor porcentaje de consenso. Por último, en la valoración de los síntomas neuropsiquiátricos también hubo consenso en todos los ítems, especialmente respecto a las alteraciones afectivas (94,3 %), las alteraciones graves de conducta, que alteran las relaciones (92,9 %) y la impulsividad (85,8 %) (tabla 2).
Los ítems consensuados, que pueden ser útiles para establecer un protocolo de seguimiento del paciente postictus para su uso en el ámbito de AP, se resumen en la figura 3.
Tabla 1 – Resultados del circuito de atención del paciente postictus
Tabla 1 (Cont.) – Resultados del circuito de atención del paciente postictus
Figura 1 – Porcentajes de consenso respecto al objetivo del tratamiento farmacológico en los pacientes postictus tras el alta hospitalaria
Tabla 2 – Resultados respecto al cribado y diagnóstico de los pacientes postictus con deterioro cognitivo
Figura 2 – Recomendaciones de uso de diferentes test para el cribado del deterioro cognitivo en pacientes postictus. Datos en porcentaje de respuesta
Figura 3 – Principales actividades consensuadas en el ámbito de Atención Primaria para los pacientes postictus (se indican los ítems con mayor porcentaje de consenso, ver detalles en las tablas 1 y 2).
Comentarios
Los resultados de este estudio Delphi respecto al circuito de atención del paciente postictus tras el alta hospitalaria permiten definir el seguimiento debe llevarse a cabo por parte de los especialistas en AP. Para mejorar la calidad del seguimiento de estos pacientes, sería necesario establecer protocolos específicos y, con el fin de incrementar su efectividad, que dichos protocolos fueran comunes entre el segundo nivel asistencial y AP, así como establecer un plan especial de cuidados para enfermería. También se ha considerado esencial que, cuando los pacientes sean remitidos desde el hospital u otro nivel de asistencia, aporten un informe clínico con la información necesaria para establecer las pautas y características personalizadas de su seguimiento. Asimismo, un 74,3 % de los encuestados manifestaba que tras el alta hospitalaria se debía realizar el seguimiento a los 3 meses y un 27 % a los 6 meses. Cabe destacar que un 26 % de los participantes eligió la opción de un seguimiento anual. En un libro blanco elaborado por el gobierno de Noruega, se especifica que todos los pacientes que han sufrido un ictus deben ser visitados por su médico de familia en un plazo de 14 días16. La actualización del 2024 de la Estrategia en Ictus del Sistema Nacional de Salud9 incorpora recomendaciones centradas en la neurorrehabilitación y optimización de la calidad de vida después del ictus, y recomienda el desarrollo de protocolos de continuidad asistencial tras la fase aguda que impliquen también a AP; sin embargo, no hay directrices concretas respecto al circuito de atención al paciente postictus.
Diversos estudios han puesto de manifiesto las dificultades y deficiencias en el seguimiento de los pacientes postictus en AP y los retos en implementar las recomendaciones de las guías en la práctica diaria17. Los autores alertan de que la atención que reciben los pacientes postictus es deficitaria, a pesar de la gravedad inicial de la enfermedad. En un estudio de las visitas de seguimiento postictus en AP durante los primeros 18 meses en 302 pacientes tras un infarto cerebral, la media (DE) de visitas era de 6,2 (6,7), aunque un 20 % de los pacientes no habían sido visitados por su médico de familia durante los primeros 3 meses y un 8 % no fueron visitados ninguna vez durante los 18 meses del estudio18. Además, la edad avanzada, la discapacidad funcional, la fragilidad y el deterioro cognitivo eran factores de riesgo asociados a una baja probabilidad de visitas con el médico de familia durante los primeros 90 días postictus18. Asimismo, durante el periodo postictus se ha demostrado una pobre adhesión a las recomendaciones de prevención secundaria de las guías de práctica clínica19,20.
Las comorbilidades del paciente postictus incluyen un amplio abanico de alteraciones en diferentes órganos y sistemas que pueden ser abordados por el médico de AP o requerir un tratamiento especializado21. Respecto a los criterios de derivación a otros especialistas, la espasticidad (98,5 %) y el mal control de la enfermedad (87,2 %) obtuvieron los mayores porcentajes de acuerdo en Neurología; la depresión (92,8 %), las alucinaciones (85,7 %) y los delirios (85,7 %), en Psiquiatría; y la insuficiencia cardiaca/estenosis valvulares (94,3 %) y las arritmias no conocidas (100 %), en Cardiología. También se consideraba la necesidad de derivación a Cardiología en pacientes con una hipertensión arterial sin respuesta al tratamiento o con valores de al menos 150/100 mmHg. En cambio, en el paciente postictus con diabetes mellitus solo se alcanzó consenso de derivación al endocrinólogo cuando existía afectación orgánica. La derivación a los servicios adecuados para el tratamiento de los factores de riesgo (hipertensión arterial, arritmias, diabetes mellitus…) también ha sido recomendada por la American Heart Association (AHA)/American Stroke Association (ASA) en el cuidado centrado en el paciente dispensado en AP para los pacientes postictus22. En nuestro estudio, hubo un 100 % de acuerdo respecto al tratamiento farmacológico para el control de los factores de riesgo cardiovasculares. También cabe destacar que en otras patologías, como la depresión postictus, frecuentemente infradiagnosticada e infratratada23, se alcanzó un amplio consenso en la necesidad de derivar a los pacientes a una consulta de Psiquiatría.
El deterioro cognitivo postictus tiene una alta prevalencia. En una revisión sistemática y metaanálisis reciente de 49 estudios, con tamaños de muestra entre 52 y 3.726 pacientes y edades entre los 18 y los 93 años, la prevalencia de trastorno cognitivo postictus oscilaba era del 39-47 %; el sexo femenino, la edad, el nivel educativo inferior a 7 años de escolarización, la fibrilación auricular, la hipertensión arterial, la diabetes mellitus, la enfermedad arterial coronaria y el desempleo son factores de riesgo para la presencia de alteración cognitiva24. Por otra parte, el deterioro cognitivo y la demencia postictus son una causa importante de morbilidad y mortalidad. En una revisión sistemática con metaanálisis de 27 estudios y un total de 39.412 pacientes con infarto cerebral, un 60 % de los pacientes presentaron deterioro cognitivo durante el primer año tras el ictus y su presencia aumentó significativamente el riesgo de recidiva del ictus y de mortalidad por cualquier causa (hazard ratio 1,59 y 2,07, respectivamente)25. Las características del ictus, la gravedad, el volumen lesional y la localización, así como la existencia de patología neurodegenerativa concomitante son factores que influyen en la presencia de deterioro cognitivo postictus26.
El cribado del deterioro cognitivo en el ámbito de AP sigue siendo un reto y una de las necesidades no satisfechas en la atención sanitaria del paciente postictus; existe una amplia variabilidad en los test utilizados, puntos de corte y momento de su administración272829
En el presente estudio, se logró un alto porcentaje de consenso en el uso de test breves para el cribado, especialmente el MMSE (95,7 %) y el Test del Reloj (61,4 %), aunque se recomendaban test breves o amplios en función del estado del paciente, la experiencia del médico y el tiempo disponible en la consulta. Las respuestas mayoritarias obtenidas respecto a estos dos test son relevantes, ya que, desde hace varias décadas, la literatura científica las cuestiona como útiles para el cribado del deterioro cognitivo en AP (no así en las demencias)30, 31. El MMSE tiene una baja sensibilidad para personas con deterioro cognitivo leve, está influido por variables sociodemográficas, y precisa de habilidades grafomotoras y de un tiempo de administración de 10 minutos, por lo que debe considerarse más como una herramienta de confirmación del diagnóstico del segundo nivel asistencial que como test ideal de cribado en AP31-33. Con respecto al Test del Reloj, se ha demostrado una discreta utilidad diagnóstica para el cribado del deterioro cognitivo; las variables demográficas y el nivel educativo parecen influir más de lo esperado en la puntuación y, además, precisa habilidades grafomotoras34. Uno de los principales problemas de este test es que existen múltiples sistemas de aplicación e interpretación que dificultan su corrección y aumentan el tiempo necesario para su utilización, lo que limita su eficacia en AP35. El Test de las Fotos es de fácil aplicabilidad, evaluación e interpretación por parte del evaluador, no precisa habilidades grafomotoras y su tiempo de administración es de 3-4 minutos; se puede administrar a iletrados. Ha demostrado un valor predictivo superior al del MMSE y al del Test del Reloj en estadios leves de demencia36. También hubo consenso en la recomendación de utilizar test breves en el seguimiento de los pacientes con deterioro cognitivo (87,2 %), que debía efectuarse cada 6 meses según el 62,3 % de los participantes y cada 3 meses según el 18,8 %. En un estudio longitudinal de una cohorte de 94 pacientes efectuado en Suecia, se utilizó el MoCa para el cribado de la función cognitiva a las 36-48 horas postictus (basal) y a los 3 y 12 meses; se demostró un trastorno cognitivo basal en un 55 % de los casos, de los que únicamente el 25 % se recuperó a los 12 meses, lo que demuestra la importancia de identificar los problemas cognitivos de forma temprana para evaluar adecuadamente las posibles dificultades y establecer un plan de seguimiento a largo plazo37. Por otra parte, el término deterioro cognitivo postictus suele englobar la disfunción cognitiva que se desarrolla tras un ictus y, aunque los límites con la demencia están bien establecidos, los criterios para el diagnóstico de deterioro cognitivo leve son más amplios. En general, se acepta que no existe una alteración suficiente que impida al paciente desarrollar una vida independiente. En este estudio, los criterios para el diagnóstico en la práctica clínica incluyen pérdida de memoria expresada por el paciente o sus cuidadores y confirmada mediante un test de cribado, con reevaluación y confirmación a los 6 meses con informadores fiables. Entre las actividades instrumentales a valorar, cabe destacar el consenso en el control y toma de la medicación, el aseo personal, efectuar tareas domésticas y la capacidad de manejar dinero/cuentas bancarias. En una encuesta realizada en España con la participación de 205 neurólogos (estudio SEGUICTUS), solo un 36,6 % de los médicos evaluaba el deterioro cognitivo sistemáticamente en los pacientes postictus, mediante el MMSE como test de cribado en la mayoría de los casos38, lo que coincide con nuestros hallazgos. Los resultados de este estudio deben interpretarse teniendo en cuenta las limitaciones relativas al número reducido de participantes y la representatividad de la muestra derivada del método de selección no probabilístico. No obstante, a partir del alto grado de consenso alcanzado en la mayoría de los ítems del cuestionario, ha sido posible establecer las principales acciones a tener en cuenta en el desarrollo de un protocolo para la atención del paciente postictus en AP.
Conclusiones
Este estudio ha permitido consensuar las actividades más importantes para la atención del paciente postictus en el ámbito de AP. Destaca la necesidad de elaborar protocolos específicos y conjuntos con el segundo nivel de asistencia, planes especiales de cuidado para enfermería y tratamiento de los factores de riesgo cardiovasculares. La aparición de ciertos síntomas neurológicos, psiquiátricos, cardiológicos y sistémicos en pacientes con diabetes mellitus deben inducir al médico de familia a la derivación a los especialistas correspondientes. Sería recomendable que los médicos de AP se familiarizasen con el manejo de varios test cognitivos y realizaran su elección en función del tiempo disponible en consulta, las características del paciente (nivel de estudios, dificultades grafomotoras, déficits sensitivos…) y preferencias del profesional39. Se recomienda un seguimiento cada 6 meses para los pacientes postictus con alteraciones cognitivas. También hay que prestar atención a las alteraciones cognitivas leves en pacientes con trastornos mínimos de las actividades de la vida diaria, con confirmación diagnóstica transcurridos 6 meses. Los resultados de este estudio pueden ser útiles y de interés para desarrollar unas guías de abordaje del paciente postictus para los especialistas de AP.
Financiación
Este estudio ha sido financiado por Ferrer Internacional S.A, que no ha intervenido en el diseño, la implementación o la interpretación de los resultados.
Conflicto de intereses
Alberto Freire Pérez declara haber recibido financiación como docente en actividades formativas sobre deterioro cognitivo leve patrocinadas por Ferrer e Italfármaco.
Antonio Torres Villamor declara no haber recibido financiación en actividades formativas sobre deterioro cognitivo leve patrocinadas por Ferrer.
Agradecimientos
Los autores agradecen el apoyo de Saned from Medscape en la logística del estudio; a la Dra. Marta Pulido por su colaboración en la redacción del manuscrito y apoyo editorial: a Thaïs Serra Santasusagna, Lídia Sans de San Nicolàs y a la Dra. María Joselín Pérez Gutiérrez de Ferrer Internacional S.A. por su apoyo para impulsar el estudio.
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